Que rico es obtener algo solo por el placer de guardarlo, esa creo que es la base de la sensación del coleccionista. Es una necesidad de completar una lista, de rellenar un circulo, de afanarse por decir “ya, ahora los tengo todos“.
Creo que todos empezamos, niños y niñas, desde pequeños con los distintos “álbumes de barajitas”, sin embargo las mejores colecciones son aquellas que no tienen fin, en mi infancia recuerdo gratamente las colecciones de jugadores de la NBA, donde existían por equipo, por estrella, especiales, en colores, en relieve, en fin, era un paraíso para aquel que tiene la “beta” del coleccionista incurable. Tengo una buena anécdota de negocios con esa colección sobre la venta de unas barajitas a precios de dolar paralelo a un amigo cuando las compraba en la esquina de mi cada, quien años después lo descubrió jajajajaja, aun me lo saca en cara, pero eso es otra historia. Sigue leyendo